El poema de la semana

Había olvi­dado las cosas simples…

Había olvi­dado las cosas sim­ples
como decir hola y son­reír
mirar a través de las vidri­eras
y bus­car golon­dri­nas de ver­ano,
tomar los par­ques de la mano
y vestirme de muselina blanca
así trans­par­ente como el aire.
Había olvi­dado el olor
de la mañana,
el choco­late y su espuma
del cielo de col­ores
y ese empezar el día
con alas y can­ciones.
Vuelvo a sen­tir la tentación
de mirar a los hom­bres
des­cubrir que tienen pasos lar­gos
una barba con sueños,
que pueden inven­tarnos pal­abras
como arrul­los
y ser una luz pla­cen­tera entre los poros.
Vuelvo a encon­trar esa dulce pereza
de entretener el ocio con gavio­tas,
un castillo que trepe hasta mi alma
y ese vio­lín detenido en una nota larga,
vibrante, elás­tica, como una piel enam­orada.
Quiero el agua del grifo,
verla cor­rer, dejar que dance su humedad en mis manos,
el olor del jabón y esa espuma que hace glo­bitos
y me tienta a imag­i­nar plan­e­tas trans­par­entes
con hom­brecitos pequeños
de ore­jas largas y pupi­las moradas.
La noche es una cama con almidón de sueños
y un amor ver­ti­cal que me acompaña.

Beat­riz Zuluaga

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