El poema de la semana

LETRA PEQUEÑA

Hay daños que no cubre el seguro
com­bi­nado del hogar, lo sé.
Las lla­madas per­di­das, por ejem­plo,
las car­tas rotas, la soga de seda,
la noche que hay detrás de los espe­jos,
esta plaga de cristales en el pecho.
La ablación de mi sed.

Así con­traje la enfer­medad de los jabones.

Por eso le quise, con todo mi hastío.
Con­tra la vida en vilo
fui hueco en su hueco, frío en la guan­tera,
mate­ria inmóvil.
Dejé cre­cer las pare­des de esta casa
con­migo dentro.

Pasaron sig­los, sig­los de reloj.

No abun­daré en detalles, señorita.
Sólo diré que he arran­cado la puerta de cuajo,
que he tenido la mis­eri­cor­dia
de tirar al barro
el azú­car glasé,
que ahora me entra luz en la despensa.
Ya sé, tam­poco con­tem­pla la pól­iza
el amor a ter­ceros, el tem­po­ral de sol,
el tumulto en las calles ni el motín de la hormiga.

Pero este es un caso de del­i­cadeza mayor.

Y yo sólo llam­aba para decirle, amiga,
que me acabo de con­ceder
a todo riesgo
la incer­tidum­bre de vivir
abierta de par en par.

Car­men Camacho

También le puede interesar...

Deja un comentario